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sábado, 20 de abril de 2013

Como la Mujer del Cesar, Hay que Ser y Parecer un Buen Profesional (Parte 1)



Este artículo, que presento en dos partes, ha sido adaptado a partir de Farias Magallan (2007)* y se presenta aquí como una herramienta para mejorar la calidad de los servicios de todos los profesionales, así como las personas que sin contar con un título académico prestan un servicio o trabajo digno. Aquí hago honor a todos aquellos que se desempeñan como jardineros, agricultores, albañiles, fontaneros, mecánicos, carpinteros, pescadores, empleadas domésticas, tenderos y marchantes, etcétera, que constituyen el capital social que mueve la economía de un país.

También preludio la famosa frase atribuida al Divino Cayo Julio César (100-44 A.C.): “La mujer del César no sólo debe ser honrada (u honesta), sino además, parecerlo" , en la cual inspiré el título de este documento.



Empezaré por admitir diciendo, como bien lo señala el autor, que todas las profesiones están atravesando por un período de cambios inesperados, debido a la demanda del consumidor y al aumento constante de la competencia entre profesionales (profesionistas para México). Hoy en día ya no basta con tener un título habilitante y ejercer una profesión para ser un buen profesional. Se requiere serlo de verdad, pero además hay que demostrarlo en aptitud y actitud. De muy poco sirve presentar en varios capítulos nuestra Hoja de Vida o Curriculum Vitae, si no tenemos ante todo una buena apariencia personal, junto con buenos modales, que nos acompañen. En este contexto debemos asentir que, independientemente de las llamadas “palancas” o el “nepotismo” que se estila en varios sectores de la sociedad, como te ven te tratan. O bien, “dime cuantas armas portas y te diré quién eres”.

Para contextualizar un poco, la Real Academia Española define “profesional” como “Persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación”. En México se emplea, con mayor frecuencia, el término profesionista para referirse a una persona graduada; se usa profesional para tipificar la calidad de trabajo que una persona ejecuta o presenta. A nivel más global se prefiere la expresión “profesional”.

Sobre este particular sentido, ya no es suficiente el extraer un diente, vacunar una mascota, cortar el césped, asear una habitación o hasta reparar un auto. Los clientes exigen más y mejores servicios, brindados por una persona facultada, que además tenga una imagen acorde a su tarea. ¡Sí, escuchó bien! ¡La apariencia personal es un factor determinante! Aunque todavía hay algunos pocos que no le dan la importancia que esto merece. Quizás se excusan en sus arraigados estilos y costumbres de vida, o bien porque deciden ser auténticos y no ser manipulados. Esta misma palabrería aplica a todas aquellas personas que, sin contar con algún título académico, prestan un servicio muy digno y de calidad, con frecuencia hasta mejor que cualquier profesionista o técnico en la materia.

Nuestra imagen atrae o rechaza a nuestros clientes y amigos.

Si nos presentamos a nuestras labores cotidianas, o estamos a punto de emprender un negocio, pero vamos con los pelos parados, sin bañarnos, todavía con lagañas en los ojos, comida residual en los dientes, mal aliento (halitosis), sin afeitarnos, ropa arrugada y zapatos sucios, es casi seguro que perdemos un buen negocio y hasta un trabajo. Añada a esto la actitud negativa con que nos hacemos acompañar. Mejor… ¡Trágame tierra!, dirán algunos.

Es por eso que una buena imagen ayuda a crear y ganar un lugar en la mente de los clientes, es decir, a posicionarse en el mercado y de los servicios. Es una herramienta que abre la oportunidad para el emprendimiento de un buen empleo o trabajo. El posicionamiento correcto consiste en lograr que el cliente diferencie, desde la primera vez, claramente los servicios brindados por el profesional, de los de su competencia; percibiéndolos como únicos, y como la primera y más relevante opción, al momento de elegir la alternativa para satisfacer sus necesidades. La imagen profesional es un concepto abstracto, que se forma a través de la percepción de elementos reales y emocionales en la mente de la gente. En teoría esto no debería importar, pero ¡Sí importa y mucho!. Cuando se celebra, por ejemplo, una Asamblea Ejidal o Comunal y el Ingeniero Agrónomo o el Médico Veterinario se para al frente y exhibe una apariencia sucia y desgarbada, difícilmente logra convencer a sus interlocutores. Si a esto le agregamos un deficiente manejo del lenguaje y la falta de confianza en sí mismo, las cosas terminan siendo decepcionantes.

Por eso los principales factores que ayudan o estimulan a generar una buena imagen profesional son: la apariencia personal (acicalamiento e higiene), el lenguaje corporal durante la interacción con el cliente; el comportamiento del profesional (dentro y fuera de la empresa/rancho); el entorno que lo rodea (su ambiente laboral incluyendo el resto del personal y su espacio de trabajo); los honorarios profesionales (muchos no saben cobrar y otros abusan cobrando); los conocimientos técnicos y la atención general brindada al cliente. Sobre este particular desglose de factores, tenemos mucho que aprender de los abogados, dentistas y médicos en salud humana, entre otros profesionales, que a resumidas cuentas visten apropiadamente para servir, pero también saben cobrar. No así algunos Ingenieros Agrónomos, Biólogos, Sociólogos, Nutriólogos y Veterinarios, sólo por  citar algunos casos de crítica constructiva.

Cuando un cliente acude a una entrevista o consulta (ej. consultorio veterinario, consultorio médico, despacho ambiental) deposita en el profesional su confianza para que éste le de soluciones concretas al mejoramiento productivo de la empresa o del  rancho, o bien atienda la salud de su ganado o eleve la calidad del bosque, etcétera. Además, espera encontrarse con una persona que, más allá de sus conocimientos técnico científicos, sea pulcra, cuidadosa de su vestimenta y de su higiene personal, educada y con una buena cultura general, características que seguramente asociará con seriedad, honestidad y capacidad profesional.

Sobre este particular punto de vista, le comento que he tenido la oportunidad de colaborar con diversos productores agrícolas de la República Mexicana y francamente he quedado boquiabierto al darme cuenta del manejo y comportamiento para con los trabajadores. Muy a pesar de realizar labores de campo (chapeo, siembra, podas, fertilización y cosecha, entre otras), se les exige que se presenten duchados y con ropa limpia todos los días, en punto de las 8 a.m. Esta actitud también se ve reflejada en la forma de manipular su “lonche” o “itacate”, como se le llama coloquialmente a los alimentos que portan los trabajadores de campo durante una jornada de ocho horas de trabajo. Estos alimentos incluyen, con frecuencia, el desayuno o almuerzo y la comida. Los trastes y servilletas exhiben limpieza y buen gusto. ¡Se antoja degustar los sagrados alimentos con este tipo de gente!

Esto me hace recordar a aquellos estudiantes coterráneos de enseñanza media y universitaria, que portaban mochilas rotas y algo sucias, y que en su interior había un verdadero desorden. ¡Nunca encontraban lo que hacía falta! En cierta ocasión un camarada viajó durante una semana con una jaiba hervida en el interior de su mochila de trabajo, sin darse cuenta. Otra más, que parece de cómic, tiene que ver con una colega extensionista que, al momento de abrir su bolsa de mano salta un pequeño ratón. ¡No daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo!

La puntualidad: un sello de garantía en peligro de extinción.

Los ingleses son famosos por su puntualidad de hasta un 90%. Seguramente los habrá impuntuales, pero es parte de su cultura el respetar a ultranza el tiempo de los demás. Sin embargo en México, vivimos en el país de los 20 minutos de tolerancia mínima y (casi) nadie dice nada. Llegar tarde muchas veces es visto como "fashionably late", o sea, “te ves bien llegando tarde a la reunión”, a la cita con tu cliente o tus familiares. Lo mismo ocurre cuando hay que atender a algún grupo de la comunidad rural; les restamos respeto y hasta razonamos que nadie quiere "llegar a barrer", que es lo mismo que llegar a tiempo. Tampoco es extraño ver que los anfitriones de una fiesta citan a las 7:00 p.m. y si a algún invitado se le ocurre llegar a tiempo, pues le tocará pasarla a solas en la sala de espera, mientras llegan los demás invitados, porque la señora de la casa apenas se está bañando y el señor está viendo el fútbol. Después de todo ¿quién va a llegar a las siete?  Aquí valdría la pena recordar las palabras de Horace Mann (1796-1859), educador estadounidense, quien dijo:"La informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona si robas su tiempo" Vea más sobre puntualidad inglesa en aurelianogarcia.blogspot.mx

Este apartado constituye un llamado a la mente y corazón, con el fin de hacer los ajustes necesarios para atender en tiempo y forma cualquier compromiso agendado, así como dar curso a la entrega formal de los trabajos previamente convenidos o pactados. Si quiere ser buen profesional o un excelente prestador de servicios, no hay motivo para postergar las cosas, ni mucho menos restarles importancia a unos cuantos minutos. La puntualidad es un sello de garantía que todavía se honra en varios países y comunidades, lamentablemente es una cualidad que está en peligro de extinción. No obstante la repercusión que esto puede tener en nuestros clientes e interlocutores (que puede abarcar a familiares y amigos) es de valor incalculable. Se trata del respeto y la dignidad hacia el esfuerzo concienzudo de los demás, pero sobre todo de la imagen que dejemos plasmada en la mente de los que nos esperan.

Por ello, la próxima vez que acudamos a alguna cita o negociación, echemos un vistazo a nuestra apariencia personal, incluyendo la limpieza de los zapatos y aliento de la boca. Nunca escatimemos llegar 5 minutos antes de lo acordado; tendrá suficiente tiempo para desahogarse antes de empezar y hacer un reconocimiento del entorno. Recuerde que El buen profesional no solo debe serlo, sino además parecerlo”

Este artículo continuará...

Mientras tanto puede escribirme sus comentarios o sugerencias a joaquinbecerra16@gmail.com

*  Farias, M. D. J., 2007. Hay que ser buen profesional y además, hay que parecerlo.  Coordinador de VET-UY. www.vet-uy.com; www.produccion-animal.com.ar 

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