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jueves, 1 de agosto de 2013

Encinos, Bellotas y Ardillas[1]



Ramilla de encino (Quercus candicans) en donde se observan algunas bellotas o nueces todavía tiernas. El envés de la hoja muy típico, blanquecino y tomentoso.

Introducción.

Desde el punto de vista de la Botánica Forestal, los encinos o Quercus sp., son árboles y arbustos de la familia Fagaceae que se caracterizan por producir bellotas, un alimento preferido por las ardillas. Esto nos hace recordar a “Scrat”, la popular mascota de la
20th Century Fox, distribuidora de la Ice Age (Edad de hielo), una ardilla bellota con dientes de sable, que siempre está obsesionada por las bellotas. Este muñeco de peluche se consigue en varios centros comerciales del país y a través del mercado libre de la Internet.

¿Le resultan familiares estos árboles y arbustos? ¡Seguramente que sí! Es probable que alguna vez, siendo usted niño, confeccionara un pequeño balero utilizando la cúpula o el capuchón y la bellota o nuez del encino; ambos unidos por un pequeño hilo o cordón. A otros más, que ya son adultos, les tocó jugar los llamados “racos” de trompos. Recordará que los mejores trompos eran aquellos fabricados con madera de encino. Difícilmente se rompían o eran raqueados por la férrea púa del trompo enemigo. ¡Una victoria asegurada para el conocedor de maderas! A nuestras madres y abuelas les tocó lavar la ropa y hasta los trastes en bateas hechas con madera de encino. La batea es un prototipo del lavadero moderno, sólo que movible; muy pesada pero de gran duración. También  encontramos ciertos antecedentes en la cultura colonial prevaleciente, donde destacan diversas cortinas artesanales decoradas con bellotas y pequeños canalillos de bambúes nativos. Constituyen un trabajo excepcional de los artesanos involucrados quienes generalmente son mujeres indígenas.

En México empleamos el término “encino” para referirnos a los árboles que presentan hojas estrechas y cortas, y  llamamos “encino roble” a aquellos con hojas grandes en longitud y anchura; una clasificación más o menos convencional y práctica. Pero los lugareños y silvicultores (cultivadores de árboles) que habitan y viven del bosque, son capaces de diferenciar, a simple vista, dos clases de encinos: blancos y rojos. Más adelante le comentaré algunas características excluyentes, sin olvidar decirle que algunos intelectuales de la taxonomía llegan a incluir también a los llamados “encinos negros”. No obstante éstos están en controversia y han pasado de un extremo a otro. De todas formas es bueno saberlo.

La palabra latina Quercus (encino) parece proceder del griego Kerkaleos, que quiere decir “duro”. Probablemente esto se deba a que la madera de estos árboles es muy dura, tan dura que difícilmente la penetran los clavos y la polilla. A este respecto le comento que varias iglesias y fortalezas de antaño, así como ciertas embarcaciones empleadas durante la primera y segunda guerra mundial, fueron construidas con esta clase de madera y algunas todavía permanecen en buenas condiciones. Otros creen que el origen de la palabra encino es céltica “Käer”-“quez”, que significa “hermoso árbol”. Aunque dentro de este grupo hay varias especies que no resultan tan atractivas que digamos, si los examinamos desde un punto de vista fisonómico y estructural. Pero sea cual sea el origen de esta palabra, estos árboles resultan ser sumamente impresionantes y de gran importancia ecológica y económica. Lamentablemente este aspecto ha sido poco valorado y hasta desaprovechado en México.

Distribución.

México y China están considerados como los principales centros de diversificación de los Quercus, siendo México el país con la mayor representación de este grupo. ¡Qué afortunados por poseer este honroso patrimonio natural! Y aunque el número de especies varía según el criterio de las diferentes autoridades taxonómicas, la estimación más conservadora sugiere que nuestro país alberga alrededor de 150 especies, localizándose la mayor diversidad hacia el centro y sur. ¡Indiscutiblemente una riqueza que ningún otro país ostenta!

Un detalle que produce cierto orgullo está en nuestro emblema nacional mexicano, precisamente donde posa la imagen del águila devorando a una serpiente de cascabel. ¡Tome por favor una moneda y vea hacia su lado inferior izquierdo! Verá que está decorado por una rama con cuatro hojas lobuladas y tres pares de bellotas. ¿La pudo observar? La especie no la puedo precisar, pero muy probablemente, por la morfología de sus hojas, se trata de Quercus sanchez-colinii, especie descrita por el profesor Maximino Martínez, en 1953, en honor al Ing. Salvador Sánchez Colín, gobernador del Estado de México. Aunque algunos autores consideran que la especie más bien corresponde a Quercus robur, de procedencia europea, ya que en México no existen plantaciones de ésta.

Otro rasgo importante lo encontramos en la ciudad de Nogales, Sonora, cuyo escudo está bien representado por Quercus emoryi, también llamado “bellota prieta”, un árbol que abunda en esos territorios. En esta zona árida y semiárida del país es muy común hallar en los mercados regionales esta bellota o nuez del encino, la cual se emplea para elaborar harina o sencillamente se consume tostada  y hasta hervida. Algunas personas la consumen en fresco y recién cortada. ¡Un excelente y tradicional alimento mexicano! De acuerdo con varios historiadores cosmogónicos, los hombres gigantes que habitaron nuestro país, comían bellotas y hasta arrancaban árboles con sus manos.

Los encinos mexicanos son de amplia distribución, con algunas especies de distribución restringida y hasta disyunta. Quizás usted está pensado que los encinos son exclusivos del clima templado-frío, no obstante, hay especies que predominan en condiciones tropicales, áridas y semiáridas. Este gran grupo constituye, junto con el género Pinus sp., uno de los elementos más característicos de la vegetación forestal de los sistemas montañosos y escarpados del país. En todo este gradiente climático podemos localizar importantes bosques de encinares puros, dominados generalmente por una o más especies; aunque en algunas regiones ya sólo quedan pequeños parches o relictos de estos bosques. También los podemos hallar cohabitando con los pinos, formando así los de pino-encino. De igual forma, el bosque mesófilo de montaña o bosque de niebla y en algunas variantes del matorral xerófilo alberga importantes especies de Quercus. Y es posible hallarlos dentro del bosque tropical perennifolio, bosque tropical caducifolio, bosque tropical subcaducifolio, matorral subtropical, vegetación sabanoide, pastizal y palmar. En muy raras circunstancias podemos encontrar algunos individuos asociados al ecosistema de manglares.

Existen encinos en todas las entidades federativas con excepción de Yucatán. Los hallamos desde el nivel del mar, en donde Quercus oleoides resulta ser la especie más dominante, hasta más allá de los 3,500 msnm, donde Quercus laurina, Quercus rugosa y Quercus crassifolia se observan con mayor frecuencia. ¡Una riqueza y diversidad forestal moldeada a lo largo y ancho del territorio!

Por otra parte, cuando vamos al campo y contemplamos estas masas arboladas de encinos o diversas asociaciones de éstos, nos preguntamos ¿cuántos años tendrá éste o aquel árbol? La respuesta resulta ser asombrosa, ya que los encinos (Quercus sp.) son árboles cuya longevidad se puede estimar hasta en siglos. Se calcula que el término medio de vida para estos árboles oscila entre los 150 y 200 años, aunque hay reportes de ejemplares históricos que sobrepasan los 1,500 años (Trelease,1924). Habría que estudiar más minuciosamente aquellas especies de habito rizomatoso y correlacionar su edad. Algunas personas, entre las que figuran nuestros padres y abuelos, han llevado una vida que fácilmente se asemeja a la de un encino; muy longeva y de buena madera, como dijeran las voces de vuestro terruño.

Usos e importancia.

¿Ha pensado usted para qué sirven estos árboles tan longevos y de madura tan dura? ¡Seguramente que sí! ¿Qué le parece si hacemos un breve repaso y vemos el grado de pertinencia de los Quercus en su localidad?

La principal importancia que se ha podido constatar sobre los encinos en nuestro país, es como fuente de carbón vegetal y madera para la industria y como leña, ya que su poder calorífico  en muy alto y con lenta combustibilidad. ¡Excelentes brazas para azar la carne y hornear el pan! No obstante su uso incluye cualquier cosa que pudiera imaginarse y fabricarse con madera, lo cual va desde muebles, artesanías y construcciones diversas. También debe subrayarse su preponderante papel ecológico, pues los bosques de encino son los mejores biomejoradores edáficos, ya que propician el desarrollo y el rejuvenecimiento del suelo, permitiendo un control natural y eficiente de la erosión. Para las plantas de ornato o urbanas, incluyendo hortalizas, la tierra procedente de los encinares resulta ser el mejor medio para su desarrollo y crecimiento. Desafortunadamente no contamos con suficientes proyectos para el aprovechamiento y la comercialización de tierra de monte procedente “de encinares”, autorizados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), pero este sería un negocio rentable y también sustentable.

Los encinos también evitan las tolvaneras, el abatimiento de los mantos acuíferos, la desecación y el azolve de presas, entre otros aspectos de índole ecológica. Y por si esto fuera poco, constituyen un alto potencial de atractivo paisaje escénico, en donde numerosas epifitas como las orquídeas, bromelias, peperomias y cactus, conforman importantes nichos ecológicos de la complicada cadena trófica. Un solo árbol constituye un complicado conjunto de diversos ecosistemas en acción. Son asimismo el hábitat de numerosos animales como venados, tigrillos, guajolote silvestre, víboras, entre otros.

Los usos que se le debe dar a los encinos dependerán principalmente del objetivo, así como de las características anatómicas y estructurales de su madera, las cuales difieren a nivel de especie y hasta de subgénero. Así, por ejemplo, la madera de los encinos blancos (subgénero Lepidobalanus) se considera más resistente a la putrefacción que la de los encinos rojos, y se emplea en la fabricación de barricas para el añejamiento en la industria vinícola. En México se ha empleado este tipo de barriles para almacenar y fermentar el pulque, la bebida de nuestros dioses aztecas. También se fabrican armazones para construcciones diversas, cajas para empaques y embalajes, durmientes para vías de ferrocarril y del metro, postes para cercas, pilotes para minas, jaulas para animales y para obtener celulosa en la industria papelera. En contraste, la madera de los encinos rojos (Subgénero Erytrobalanus) se prefiere para pisos, lambrines, chapa, muebles, cabos, mangos de herramientas, utensilios agrícolas y domésticos, culatas, hormas para calzado, partes de instrumentos musicales (pianos, guitarras), juguetes y artesanías. ¡Sin duda, un recurso multiusos y considerado como un acero vegetal!

Por otra parte, la corteza y las agallas que presentan algunas especies en sus hojas, donde se alojan huevecillos y larvas de ciertos insectos de la familia Cynipidae, contienen alrededor de 60 a 70 % de taninos los cuales tienen un uso industrial (curtiduría de pieles) antiquísimo y medicinal. La medicina tradicional recomienda hacer gárgaras con cocción de cortezas de encino, para corregir los dientes destemplados. Según los curanderos de diversas etnias, esto amarra la dentadura. También se usa esta cocción para curar las llagas bucales y combatir la caída del cabello (alopecia).

La obtención del corcho es otra practica antiquísima de la industria europea, muy extendida en el Mediterráneo, el cual se extrae del llamado alcornoque (Quercus suber), un árbol maravilloso por la facilidad de regeneración y manejo de su corteza. Sin olvidar que los tapones de corcho con los que todavía se sellan las botellas de los finos vinos de mesa, exigen el apoyo del casi extinto destapa corcho.

Con las bellotas (botánicamente es más correcto decir “nueces”), se puede alimentar a diversos animales, tales como cerdos, venados, conejos, vacas, etcétera. Y ya que estamos hablando de alimento con bellotas, que tan ricas son en almidones, permítame recordarle que uno de los mejores jamones que se consume en el mundo, es el jamón Ibérico, el cual se obtiene a base de alimentar a los puercos o marranos con bellotas de encinos y alcornoques, así como de hierbas de las dehesas en donde los animales campean con toda libertad. ¡Un jamón casi vegetariano! ¿No cree usted? La Península Ibérica situada en el continente europeo, ha estado poblada durante milenios por el bosque mediterráneo, compuesto fundamentalmente por encinas (Quercus ilex), alcornoques (Quercus suber), quejigos (Quercus lusitanica), retamas y madroños, por lo que muy probablemente el ciclo productivo de los cerdos incluiría un período de engorde con bellotas desde tiempos inmemoriales.

En México, varias ciudades conservan huella de la cultura española, y es posible adquirir el rico jamón Ibérico y diversos embutidos. Cuando visite, por ejemplo, la montaña Cofre de Perote, situada en el estado de Veracruz, no se olvide de saborear una rica torta de jamón serrano, acompañada de una taza de chocolate a la española. Esto en la ciudad obligada para el acceso a dicha montaña, Perote, Veracruz. Lamentablemente en México no contamos con proyectos innovadores y de gran impacto respecto al uso de bellotas como alimento, sea humano o animal. Lo más que se está logrando es establecer Unidades Productoras de Germoplasma Forestal (UPGF), con fines de producción y comercialización de semillas para la producción de planta forestal que se destina los diversos programas de reforestación.

Y el hombre, en su papel de omnívoro, llega a consumir algunas bellotas de sabor agradable, como las de Quercus emoryi que son muy comunes en ciertos mercados de la región Norte de Sonora y Chihuahua, México, donde las comen cocidas o crudas, siendo su sabor amiláceo, dulzón, ligeramente amargo, las cuales contienen almidón, grasa, azúcar y sustancias astringentes. En el continente europeo, principalmente en la Península Ibérica, se emplean bellotas desde hace muchos años como alimento humano. Se elabora harina y diversos subproductos entre los que figura el café de bellota. Han sido consideradas como el “Alimento de la Edad de Oro”. En diversas entidades federativas de nuestro país, durante la época más seca del año, cuando se presenta el estiaje, es decir, que escasea el agua y el forraje, los campesinos recolectan follaje tierno de algunas especies de encinos, tales como Quercus resinosa y Quercus potosina para alimentar a sus chivos y vacas. Hasta donde se conoce, esta improvisada dieta no demerita la calidad de la carne ni de la leche. ¡Una alternativa que hay que seguir promoviendo!

Conclusiones.

A pesar de la gran cantidad de beneficios que brevemente hemos repasado en esta intromisión, la acelerada agresión contra la vegetación debida a la tala inmoderada, a los incendios periódicos, a la apertura de nuevas áreas agropecuarias, ha estado reduciendo y hasta extinguiendo el hábitat de las especies de este género y de las comunidades vegetales donde estas viven. Basta con sólo observar lo que está ocurriendo en este preciso instante con la vegetación del alrededor donde usted vive. ¡Qué lamentable seguir dejando que los actuales modelos desarrollo socioeconómico sigan despilfarrando a diestra y siniestra el “patrimonio natural del México”!

Esta situación es preocupante y habría que tratar de cambiar el rumbo que se está dando a los recursos forestales en definitiva. Aunque México cuenta con la mayor diversidad de especies de encinos, poco se conoce sobre su ecología, su reproducción en vivero, establecimiento y adaptación en campo, cosecha e industrialización de la madera, entre otros aspectos. En materia de mejoramiento genético de los encinos estamos en las penumbras; ni tan siquiera estamos recapacitando en ello. Adentrados en este siglo XXI, cuando tanto se aclama por la sustentabilidad y sostenibilidad del medio ambiente, se precisa desaprender y reaprender conspicuas medidas de conservación y restauración que nos permitan perpetuar este valioso recurso forestal.

En este contexto, organismos como la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y diversas ONG, han venido promoviendo el uso de los Quercus sp. en sus programas de reforestación nacional, estatal y local. Pero a pesar de este loable esfuerzo, resulta paradójico observar que en varias comunidades, los propietarios del bosque y algunos técnicos forestales, tratan de eliminar a los encinos de sus predios. Esta desestimación se debe a que los encinos crecen en lugares donde, en teoría clásica, debería haber pinos u otras maderas más comerciales. ¡Sí, leyó usted bien! ¡Que produzcan mayores ingresos económicos! Pero más bien esto obedece a una gran deficiencia en la demanda comercial rentable y a la carencia de una eficiente infraestructura silvícola de vanguardia como son ya los aserraderos fijos o portátiles, con sierras ahorradoras de madera (menor desperdicio de aserrín) y hasta con sistemas laser. También se requiere de estufas secadoras funcionales de mayor capacidad, así como nuevas innovaciones para el tratamiento, la conservación y construcción con madera de encino. Todo ello plantea enormes retos y posibilidades para la investigación y transferencia de una tecnología vinculada con la transdiciplinariedad del subsector forestal. 

Mi recomendación es: ¡Cambiemos el rumbo y seamos como esa ardilla, siempre preocupados por conservar la bellota! ¡No permitamos que esta era de cambio climático liquide por completo a los encinos (Quercus sp.) mexicanos!

Lecturas sugeridas:  

Martínez, M. 1953. Los encinos de México III. An. Inst. Biol. Univ. Nac. Autón. Méx. 24 (2): 237-271; Nixon, K. C. 1993a. The genus Quercus in Mexico. En: Ramamoorthy, T. P., R. Bye, A. Lot, and J. Fay (eds.) Biological diversity of Mexico: origins and distribution. Oxford University Press. New York. pp. 447-458;Trelease, W. 1924. The american oaks. Mem. Nat. Acad. Sci. 20: 1-255; Zavala Ch., F. 1990. Los encinos mexicanos: un recurso desaprovechado. Ciencia y Desarrollo XVI (95): 43-51.


[1]El artículo original fue publicado en la Revista Agroentorno, órgano de difusión de la Fundación Produce Veracruz, y puede descargarse de:

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